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Un estado de frustración permanente

Franklin González (*)   (31-03-2014)
La frustración lexicográficamente sería la Imposibilidad de satisfacer una necesidad física o un deseo, o también sería un sentimiento de tristeza o dolor que provoca esta imposibilidad.
El deseo de la oposición desde diciembre del año 2001 ha sido salir primero de Chávez y ahora de Maduro. La forma importa un bledo, con lo cual su talante democrático queda en entredicho, evidenciado ya con el golpe del 11 de abril del año 2002. Al no logra satisfacer este deseo se produce entonces la frustración traducido como un sentimiento de tristeza y dolor.
 
Eso es lo que ha venido ocurriendo con los sectores de la oposición venezolana, que no dudo en calificar como la peor que ha existido en el planeta Tierra, porque es la única oposición que se auto flagela, que es capaz de trancar sus propias calles e impedir el paso a sus vecinos, los cuales en su inmensa mayoría profesan su mismo modo de pensamiento. Es la misma que tala árboles y contamina el agua de Mérida. Es la que desarrolla el amor al incendio y al fuego como lo hizo el Emperador Nerón, pero en el caso de los guarimberos “venezolanos” no sólo lo hacen en la capital sino en otras importantes ciudades del país. También incendia sedes universitarias y el Waraira Repano.
 
Es la que llega al absurdo de exigir libertad, en un país donde esta es hoy un don congénito, pero les impide a otros el libre tránsito. Qué contradictorio suena, pero así es.
Vemos cómo esa frustración se ha convertido en un estado permanente.
 
Desde el año 2001, cuando los sectores que habían dominado y hegemonizado la sociedad venezolana, particularmente desde 1958, y que habían establecieron las “reglas de juego” a través del pacto de Punto Fijo, se percataron que no estaban en presencia de un gobernante que podía ser domesticado por ellos y ponerlo a sus servicios, comenzaron las estrategias cortoplacistas de la oposición venezolana, con sus variedades de tácticas desarrolladas a la largo de estos quince años.
 
En noviembre de ese año se aprobaron las 49 leyes Habilitantes y eso marcaría el comienzo de esta estrategia y sus respectivas tácticas. Diciembre 10 fue el primer paro empresarial para rechazar la aprobación de dichas leyes pero sólo como mampara.
 
El primer trimestre del año 2002 fue la preparación, a través de distintas tácticas, para dar concreción a la estrategia ya definida como: “Chávez vete ya”.
 
El golpe del 11 de abril le dio ciertamente concreción a esa estrategia. Lograron derrocar al Presidente Chávez pero se le olvidó un pequeño detalle: la reacción del pueblo venezolano y de las fuerzas armadas patriotas. Primera frustración, que significó incremento del odio, la discriminación y el racismo, amén de los que comenzaron a irse para Miami y otros destinos
Luego, la plaza Altamira y el paro empresarial-petrolero entre octubre- diciembre del 2002 y enero del 2003. No hubo béisbol para un pueblo acostumbrado a ello y tampoco hubo navidad para estos sectores, digo para sus seguidores, porque los dirigentes viajaron allende las fronteras nacionales. Nueva frustración. Chávez seguía en Miraflores.
 
Posteriormente el “calentamiento de calle” durante todo el año 2003 y principios del 2004: las guarimbas y una nueva frustración. Chávez allí seguía.
 
Primer semestre de 2004, recolección de firmas, unas correctas, otras planas, y así llegaron al referéndum Consultivo del 15 de agosto de 2004 con unos medios de comunicación que ya habían sentenciado que la opción del Sí era la ganadora, esto es, Chávez había sido revocado en su mandato antes de realizarse el referéndum. Con ese escenario triunfalista se realizó el referéndum de agosto, y el Presidente Chávez fue reafirmado con un porcentaje que superó el 60%. Se alzó entonces la figura del fraude y con ello una nueva frustración para esos sectores en permanente derrota.
 
El 4 de diciembre de 2005 no participaron en las elecciones parlamentarias alegando falta de confianza en el Consejo Nacional Electoral y de garantías para el voto secreto, a pesar del retiro de los cuadernos electrónicos y las máquinas "capta huella", principales críticas de ese sector político. El CNE también accedió, a solicitud de ellos, a auditar 45% de las máquinas electrónicas de votación luego de las elecciones, cuando originalmente estaba planteado auditar sólo 10%.
 
Sin embargo, su “estrategia de inmediatez” era deslegitimar las elecciones parlamentarias y con ello generar una situación de ingobernabilidad en el país. El resultado fue que se quedaron 5 años sin representación parlamentaria y no hubo tal situación. Eso significó una frustración más.
 
En las elecciones de 2006 el presidente Chávez fue reelecto con 7.309.080 votos, lo que representó el 62,84%. El otro candidato, Manuel Rosales, con todo y su tarjeta de “Mi Negra”, obtuvo sólo 4.292.466 lo que representó 36,9%. Una diferencia de 3.013.614 votos. Aquí la frustración fue de monta mayor.
 
El referéndum consultivo para la reforma Constitucional, realizado el 2 de diciembre de 2007, arrojó como resultado 50,70 en favor del NO y 49.30 votos en favor del SI. De este modo, el chavismo sufre su primera gran derrota electoral y su propuesta de reforma queda desestimada por el voto popular. En términos de votos son de 4.504.354 en favor del NO y 4.379.392 en favor del SI. Aunque muy ajustada la diferencia, el Comandante Hugo Chávez, en cadena nacional, acepta la derrota y felicita por su victoria a los que han ganado. Se envalentonaron entonces. Estaban convencidos de que podían trastocar la Revolución Bolivariana.
 
Un nuevo referéndum consultivo, en este caso para la Enmienda Constitucional, se realizó el 15 de febrero de 2009 y en esa oportunidad el resultado de la opción del SI alcanzó un total de 6.310.482 votos (54,85%) y la opción del NO alcanzó un total de 5.193.839 votos (45,14%). Eso fue como un balde de agua fría para los sectores oposicionistas.
 
Las elecciones parlamentarias de 2010 se realizaron el 26 de septiembre. La oposición en esta oportunidad participa y aunque el Gran Polo Patriótico obtuvo 98 diputados de un total de 165, aquel sector levantó la bandera de que constituía la mayoría del país y, por tanto, una vez más generaron falsea expectativas en sus seguidores y con ello una nueva frustración. ¿Cómo entender estadísticamente que 65 podían ser más que 98 diputados?
 
Así se llega a octubre de 2012. Los medios de comunicación, una vez más, antes de las elecciones del 7 de octubre, habían asegurado que Chávez sería derrotado. En resultado fue contundente. El Comandante resultó reelecto con 8.191.132 millones de votos, representando un 55,07% de apoyo popular contra 6.591.304 de votos de Henrique Capriles Radonski que representó 44,31%. La diferencia fue de 10.76 punto y de 1.599.828 votos. Una nueva frustración.
 
En las elecciones presidenciales de abril de 2013 ocurrió lo mismo: La oposición estaba segura del triunfo ante la ausencia física del Comandante Hugo Chávez. No obstante, Nicolás Maduro obtuvo 7.587.579 para un 50,61% y Henrique Capriles Radonski 7.363.980 que representó 49,12%. Una diferencia de 223.599 votos. Una vez más la figura del fraude como estandarte de lucha y como consecuencia la frustración en estado máximo.
 
El 8 de diciembre de ese mismo año se efectuaron elecciones municipales: en su estrategia inmediatista la oposición las planteó como un plebiscito y la derrota fue estruendosa. Las fuerzas del chavismo obtuvieron la victoria en el 76,42% de las alcaldías del país al ganar en 256 municipios, incluyendo Caracas, mientras que la alianza de derecha agrupada en la Mesa de la Unidad (MUD) ganó en 76, con lo que alcanzó 22,69%. Nueva frustración para sus seguidores.
 
Ahora la consigna es “Maduro vete ya”. Así, cada acción o manifestación que hacen, incluyendo las guarimbas y todos los actos de sabotajes, vandalismo y terrorismo, lo hacen convencidos de que ya es un hecho la derrota del gobierno y, en particular, del Presidente Nicolás Maduro, a quien le dicen y desean de todo. Levantan la bandera de que Venezuela se cae y ellos la regenerarán.
 
Se trata de una acumulación de frustraciones a lo largo de más de una década, que los ha llevado y lleva por el camino de las derrotas.
 
"Caminante no hay camino, se hace camino al andar", decía el poeta Antonio Machado. El camino de la oposición venezolana, por sus torpezas, su estrategia cortoplacista, golpista, inmediatista, su autoflagelación, por su mirada que no ve “la senda que nunca se ha de volver a pisar”, será de derrotas permanentes y cada una de ellas genera una nueva frustración, cuyas manifestaciones más resaltantes son la huida del país o el incremento del odio, racismo y fascismo.
 
Por eso ojo pelao.
 
* Franklin González es sociólogo, doctor en Ciencias Sociales, profesor titular, ex-director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV, y ex embajador en Polonia, Uruguay y Grecia.
 
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